PRESENTACIÓN

Por J. A. Navarro, administrador de Domustempli en Facebook

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Este es un sitio para los amigos, aficionados, estudiosos... de la Orden Militar medieval de la Caballería del Templo, conocida vulgarmente como la Orden del Temple o caballeros templarios (1120-1314), desde un punto de vista rigurosamente histórico y documentado.

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INTRODUCCIÓN

Esta será una breve crónica tocante al nacimiento, arraigo, extensión, desarrollo, proceso y extinción de la Orden de la Caballería del Templo de Salomón, para conocimiento de sus hechos de armas, de la sabiduría y la fe que animó a los caballeros pertenecientes a este noble Instituto, tan injustamente acusados, calumniados, perseguidos y procesados por reyes ambiciosos sin escrúpulos, ávidos de poder a cualquier precio, incluso de la sangre de los inocentes. Fueron nobles monjes guerreros, defensores de la cristiandad, de la Iglesia en la que creían, de los peregrinos indefensos y de los Santos Lugares que siendo romano-bizantinos y cristianos habían sido invadidos y ocupados por los musulmanes de Egipto y Siria... por los kurdos, y por los invasores turcos procedentes del Asia central asentados inicialmente en Anatolia. Fueron nobles caballeros, víctimas de un pontífice simoníaco (Clemente V), llegado a ser cabeza de la cristiandad por el capricho de un rey (Felipe IV de Francia). Prevalezcan la Verdad y la Justicia sobre la iniquidad, sobre la mentira y la calumnia, porque "todo tiene su tiempo y cuanto se hace bajo el sol tiene su hora". Le dí comienzo como manuscrito, en Valladolid a 28 días andados del mes de julio, era MM.XXI, a.D. 1983. Aunque la Excma. Diputación Provincial de Toledo publicó en 2016 un libro colectivo "De Toledo a las Navas, itinerario y legado" donde se incluye un extenso artículo-capítulo en el cual sintetizaba mis investigaciones iniciadas en 1983. Hoy, en su totalidad es un libro -aún pendiente de ser editado- de cerca de 300 páginas, sobre los orígenes, difusión y estructura organizativa de la Caballería del Templo, vulgarmente conocida como "El Temple" y de los templarios, los monjes-guerreros que en ella sirvieron. Un libro cuya última palabra será "CONTINUARÁ".

Mucho se ha escrito sobre la Caballería del Templo desde la fecha de su desaparición como Orden Militar en el año 1312. Conviene decir que una gran parte de lo que se ha contado son necedades sin sentido, adobadas con cuatro lugares comunes de cosas sobradamente conocidas que no aportan nada nuevo y una mayor parte de invenciones fantasiosas, al amparo de lo que tanto gusta en esta época llamada del "renacer de Acuario", si es que semejante cosa existe: lo que yo llamo la melée de lo esotérico-místico-mágico-simbólico. Y muchos editores de "best selleres" alimentan esa "demanda" con tal de hacer negocio fácil.

Hay una leyenda china que cuenta como en tiempos remotos había un famoso pintor en la corte del emperador. Un día el Príncipe le pregunto:
- Maestro ¿qué es lo más fácil de pintar?
El maestro respondió:
- Los dragones y fantasmas Alteza
Y entonces ¿qué es lo que resulta más difícil de pintar?
El maestro dijo:
- Sin duda, Alteza, los perros y caballos.
Sorprendido, el príncipe pidió una explicación para entender aquéllo, a lo que el maestro dijo:
- Alteza, los dragones y fantasmas no los ha visto nadie y por tanto puede uno pintarlos según su propia imaginación y fantasía. En cambio los perros y caballos los vemos todos los días y no podemos engañar a nadie, teniendo que reflejarlos tal como son.

No resulta ocioso repetir que esto mismo ocurre con muchos escritores fantasiosos, quienes sin pertenecer al ámbito del historiador ni haber consultado jamás los archivos deonde se custodian documentos que constituyen las fuentes directas para la investigación, desconociendo la metodología de trabajo del historiador, se lanzan osadamente aventurándose a especular y conjeturar con vanas fantasías sin pies ni cabeza sobre lo que fue y quienes fueron los hermanos de la Caballería del Templo. Quien esto escribe, independientemente de lo que pueda pensar o creer sobre los templarios, como historiador dejará aparte todo ese submundo fantasioso para adentrarse en los hechos históricos escuetos que reflejan las crónicas y los documentos contemporáneos y algunos posteriores a la Orden en más de doscientos años, pero que recogen documentación que ha quedado definitivamente perdida para nosotros como fuentes directas por los azares de la historia, en especial los últimos 200 años (guerras, revoluciones y otras calamidades que han hecho desaparecer multitud de pruebas, testimonios y documentos), pero algunos han quedado como fuentes indirectas (copias o citas de quienes los consultaron en su momento) , las cuales , aplicando los métodos de la Historia, nos permitirán deducir hechos verosímiles en su contexto histórico.

No creemos en "iniciaciones" ni en sabidurías "ocultas" en el seno de la Caballería del Templo y entre los hermanos; acaso entre alguno de los altos dignatarios de la Orden, a título particular, fruto de su experiencia y formación personal, pero no como una generalidad. Existe la certeza de que los caballeros eran sencillamente monjes combatientes, fieles cristianos convencidos de su misión y cumplidores de su promesa, incluso a costa de su vida, de defender la cristiandad y los Santos Lugares, con la firme creencia de que serviría de redención de sus pecados en remedio de la salvación de sus almas. Nada más allá de eso. Si hay alguna simbología pétrea de aquéllos monumentos que han llegado hasta nosotros de indudable procedencia templaria (de otros muchos su pertenencia a la Orden son meras conjeturas y suposiciones indocumentadas), a modo de lenguaje "jeroglífico" destinado a quienes estuvieren en condiciones de descifrar algún mensaje o enseñanza desconocida... y si hay alguna tipología constructiva templaria... es algo que aún no se ha podido demostrar fehacientemente. Sea pues esto un camino personal que debe ser seguido individualmente y no colectivamente por quien quiera emprenderlo pues está escrito: "buscad y hallareis, pedid y se os dará"... aunque dudemos seriamente de que haya en todo ello algo trascendente más allá de lo meramente decorativo o ideográfico dentro de la iconografía medieval.

Los caballeros del Templo eran iniciados, pero en las artes de la guerra y del combate. Verdaderos especialistas, una milicia "profesional" diríamos hoy día. No olvidemos el espíritu de la época, del que estaban imbuídos los señores medievales: un afán "místico" y combatiente de salvación, consistiendo en ganar el cielo liquidando infieles o herejes y, entre mandoble y mandoble, golpes de pecho y penitencias. ¿Cómo, pues, y por qué habríamos de considerar un iniciado en ocultos misterios y maravillosos secretos a quien, como penitencia y haciendo una promesa o estando en trance de muerte, prometía por su sanación, servir en la Casa del Temple por tiempo de un año?. Dejémosnos de farsas y vayamos a lo verdaderamente difícil: la reconstrucción de los hechos. Y, de nuevo, recordando la anterior fabulilla china, decir que resulta facilísimo escribir y afirmar aquello que no se puede demostrar y atribuir imaginarias cualidades a lo que se desconoce.

I. LOS NOMBRES DE LA ORDEN

Lo que vulgarmente llamamos “Orden del Temple”, expresión consagrada por el uso, debería ser mencionada con más propiedad como Orden del Templo –pues esto es lo que significa Temple en idioma castellano-, y de manera más acorde con las fuentes documentales debería ser citada como  Caballería del Templo de Salomón o más brevemente Caballería del Templo; también Pobres Caballeros de Cristo,  Pobres Conmilitones de Cristo y Militia Christi. He aquí algunos ejemplos extraídos de diversos documentos de la diplomática medieval contemporánea de la Orden que, sin ser exhaustivos, nos aportan y documentan las siguientes expresiones:

• Caualleria et fratris de Templum Salomonis
• Militie Templi Salomonis
• Fratribus iherosolimitani templi
• Fratribus templi Salomonis
• Domus milicie templi
• Domui Militie Templi Salomonis et fratribus ibidem Deo servientibus
• Domui Militie Templi et universo conventui
• Domorum militie templi
• Domorum Militia Templi in Provintia; etc.
• Ex cismarinis partibus tunc tempori totius Templi Militie procuratoris
• In provincia ex Hispania eisdem Templi tunc tempore ministri

II. EL TEMPLE EN NUESTROS DÍAS

Existen en nuestros días muchas organizaciones que se denominan "templarias" y todas dicen ser herederas o sucesoras o continuadoras "auténticas" de la Caballería del Templo. ¿Son meramente festivas o tienen alguna utilidad o meta social? Yo solamente reconozco una como la más próxima al ideal de "la Orden". Cuando el 24 de SEP de 2016 fui investido como hermano de la Caballería del Templo (OSMTH), durante la ceremonia de aceptación, entre otras cosas fui preguntado por qué quería ser aceptado, y ante los hermanos y dignatarios de la Orden allí presentes dije esto:

Que si bien para mí la Orden fue abolida canónicamente conforme a derecho en 1310 y esa abolición (fuera o no injusta) no ha sido levantada y sigue vigente; que aunque la Caballería del Templo desapareció como institución, SU HERENCIA espiritual persiste. Ya no tenemos vida conventual (somos caballeros y damas seglares) y no hacemos los tres votos canónicos de pobreza, castidad y obediencia, pero el cuarto voto, que era la defensa armada de la cristiandad, de los peregrinos y de Tierra Santa si deben permanecer y permanecen como ideal. Nuesta arma hoy no es la espada, sino la palabra. Y con ella es nuestro deber defender y proteger a la Iglesia (no necesariamente a sus príncipes, sino a la Institución y su obra); y nuestro combate consiste en sustentar y cultivar las siete obras de misericordia -que son la expresión más pura del cristianismo: la fraternidad humana-, porque nos hacen uno con nuestros hermanos, porque somos todos los hijos de nuestro Padre Dios. Proteger a los desvalidos frente a la injusticia y defender la Tierra Santa de los infieles, combatiendo con la palabra, dando a conocer el Evangelio y amando a los enemigos (aunque nos cueste mucho, pero entre los "enemigos" hay gente de buena fe oprimida por el miedo).

Eso que entonces expresé, es para mí como caballero cristiano lo importante y debe serlo para mis hermanos y hermanas ("Damas", que las hay y no pocas en la Orden como "caballeras"). Lo accesorio, sin restarle la importancia que le corresponda en cada momento y lugar, son las cuestiones de rito, formas, uniformes etc. Todo eso, que a veces importa a algunos más que lo otro, lo que cambia con el tiempo y se va adecuando al entorno social y sociológico. Lo importante es la unidad de la cristiandad (una sola iglesia universal y apostólica) por encima de humanas disputas teológicas de interpretación, porque tenemos en común un solo y mismo credo -el de Nicea- y el mismo Evangelio de Jesús el Cristo.

III. LA CARTA DE TRANSMISIÓN DE LARMENIUS, OTRA FALACIA
(c) Justo A. Navarro para Domustempli, 7 de agosto de 2010 a las 10:24

Algunas de las organizaciones neotemplarias, que se proclaman herederas directas de la Caballería del Templo, esgrimen, aducen, aportan, como título de legitimidad una supuesta y llamada "Carta de transmisión de Larmenius" cuyo original nadie ha visto jamás para poder estudiarlo y constatar por los métodos científicos de la paleografía y otros (análisis de tintas, tramado del papel o pergamino, etc.) su autenticidad. Se trata, decimos, de un supuesto documento que diversas organizaciones neotemplarias han esgrimido para legitimar su autenticidad frente a la atomización que las caracteriza, todas ellas "legítimas" (según se autoproclaman) que se atribuye a otro supuesto caballero llamado Johannes Marcus Larmenius (o L'armenius, el armenio) del que no tenemos más noticias históricas, el cual, según algunos, habría sucedido en la clandestinidad al último Maestre Jacques de Molay -por elección de este antes de su ejecución- como Maestre de la Orden del Temple. En ella constarían las firmas de todos los Maestres del Temple que, desde Molay, se habrían ido sucediendo en la sombra, cuando menos hasta 1804 en que ocupó este elevado rango el masón Fabre-Palaprat.

El documento fue escrito en latín codificado, dispuesto en dos columnas, en un pergamino de gran tamaño adornado con ricos motivos arquitectónicos. Cabe reseñar que los caracteres tienen cierta similitud a los del código secreto de la Masonería. Ahora bien, este documento parece ser, según la mayoría de eruditos e investigadores que lo han abordado (entre ellos el ilustre y malogrado estudioso argentino don Carlos Raitzin) más falso que un euro de madera, una falsificación, un invento, en suma, creado a finales del siglo XVIII para legitimar ciertas logias, ritos u obediencias o como quiera que se llamen, de la masonería especulativa que intentaba retrotraer sus orígenes cuando menos a la Caballería del Templo, si no a mayores y supuestas antigüedades. La terminología empleada, y muy en especial el último párrafo antes de las firmas testificales, la delata. Para disfrute de los lectores curiosos, doy a continuación la citada carta de transmisión que, aunque falsa en sus pretensiones, no deja de ser un documento de interés. La versión en español que aquí les presento se basa en el desciframiento y traducción al inglés llevada a cabo por J. S. M. Ward. En cursiva resalto algunas expresiones poco acordes con la terminología propia de 1324 y más acordes con la masónica, endosables en el siglo XVIII a los "adeptos" pero que hoy no resisten la crítica histórica. Una última observación con extrañeza: todos los supuestos "sucesores" tras "el armenio" y Teobaldo de Alejandría cuya nacionalidad no se hace evidente, todos sin excepción, hasta 1804, son franceses.

CHARTA TRANSMISSIONIS

Yo, hermano Joahnnes Marcus Larmenius, de Jerusalén, por la gracia de Dios y por el grado más secreto del venerable y supremo mártir, el Maestre supremo de la Orden del Temple, que Dios tenga en su gloria, confirmado por el Consejo común de la Hermandad, poseedor del grado más elevado del Maestre supremo de toda la Orden del Temple, a todos los que lean esta carta de decretos, salud, salud, salud.

Hago saber a todos, presentes y futuros, que, flaqueando mis fuerzas a causa de la avanzada edad, y perfectamente consciente de lo grave de la situación y del peso del gobierno, para mayor gloria de Dios, y de la protección y seguridad de la Orden, los hermanos y los Estatutos, yo, el humilde Maestre de la Orden del Temple, he decidido delegar el grado supremo en manos más fuertes. Por lo tanto, con la ayuda de Dios, y con el consentimiento de la Suprema Asamblea de Caballeros, por este decreto he conferido y confiero de por vida al eminente Comendador del Temple, mi querido hermano Teobaldo de Alejandría, el grado de Maestre supremo de la Orden del Temple, con la autoridad y privilegios correspondientes, con el poder, según lo requieran el momento y la situación, de conferir a otro hermano que se distinga por su nobleza de origen y de acciones y sea una persona honorable, el grado supremo de Maestre de la Orden del Temple, y la máxima autoridad. De esta manera se preservará la perpetuidad del supremo grado de Maestre, la ininterrumpida serie de sucesores, y la integridad de los Estatutos. Ordeno, sin embargo, que el grado de Maestre no sea transmitido sin la autorización de la Asamblea General del Temple, que se reunirá tantas veces como juzgue necesario, y, cuando tenga que elegir sucesor, será con el voto de los caballeros.

Pero, para evitar que se descuiden las funciones del cargo supremo, habrá ahora y para siempre cuatro vicarios del supremo Maestre, con poder supremo, eminencia y autoridad sobre la Orden, con excepción del derecho del supremo Maestre, que serán elegidos de entre los miembros de mayor grado de la Orden, según el orden de profesión. Dicho estatuto responde al juramento (encomendado a mí y a los otros hermanos) del santo y venerable Maestre arriba mencionado, el mártir, que Dios guarde en su gloria. Amén.

Por último, por decreto de la Asamblea Suprema, y por la suprema autoridad a mí otorgada, deseo y ordeno que los templarios escoceses desertores de la Orden sean maldecidos, y que ellos y los hermanos de San Juan de Jerusalén, expoliadores de la propiedad de la Orden de los Caballeros (que Dios tenga piedad de ellos), sean expulsados del círculo del Temple, ahora y para siempre.

Por lo tanto, he creado signos que los falsos hermanos no puedan reconocer, para que sean entregados oralmente a los caballeros de la Orden, y que de la misma manera sean entregados a la Asamblea Suprema. Pero estos signos sólo pueden ser revelados después de la debida profesión y consagración según lo establecen los Estatutos, derechos y usos de la Orden de los Caballeros del Temple que he enviado al eminente Comendador arriba mencionado y que a su vez me fue entregado en mano del venerable y muy santo Maestre, el mártir (para quien todo sea honor y gloria). Hágase mi voluntad. Amén.

Yo, Johannes Marcus Larmenius, hice entrega del presente escrito el 18 de febrero de 1324.
Yo, Teobaldo de Alejandría, recibo el grado de supremo Maestre con la ayuda de Dios en el año de Cristo 1324.
Yo, Arnaldo de Braque, recibo el grado de supremo Maestre con la ayuda de Dios en 1340 d. J. C.
Yo, Juan de Clermont, recibo el grado de supremo Maestre con la ayuda de Dios en 1340 d. J. C.
Yo, Bertrand Duguesclin, &e. en el año de Cristo 1357.
Yo, hermano Juan de L´Armagnac, &e. en el año de Cristo 1381.
Yo, humilde hermano Bernard de L´Armagnac, &e. en el año de Cristo 1392.
Yo, Juan de L´Armagnac, &c. en el año de Cristo 1418.
Yo, Juan Croviacensis, &c. en el año de Cristo 1451.
Yo, Roberto de Lenoncoud, &c. en 1478 d. J. C.
Yo, Galeas Salazar, humilde hermano de la Orden del Temple, &c. en el año de Cristo 1496.
Yo, Felipe de Chabot, &c. en 1516 d. J. C.
Yo, Gaspard Cesinia Salsis de Chobaune, &c. en 1544 d. J. C.
Yo, Enrique Montmorency, &c. 1574 d. J. C.
Yo, Carlos Valasius [de Valois], &c. Anno 1615.
Yo, Santiago Rufelius de Grancey, &c. Anno 1651.
Yo, Juan de Durfort de Thonass, &c. Anno 1681.
Yo, Felipe de Orleans, &c. 1705 d. J. C.
Yo, Luis Augusto de Borbón de Maine, &c. Anno 1724.
Yo, Borbón-Conde, &c. 1787 d. J. C.
Yo, Luis Francisco Borbon-Conty, &c. 1741 d. J. C.
Yo, de Cosse-Brissac (Luis Hércules Timoleón), &c. 1776 d. J. C.
Yo, Claudio Mateo Radix-de-Chevillon, Maestre vicario del Temple, víctima de una grave enfermedad, en presencia de los hermanos Próspero Miguel Charpentier de Saintot y Bernard Raymond Fabré, Maestres vicarios del Temple, y Juan Bautista Augusto de Courchant, Preceptor supremo, entrego estas cartas decretales, confiadas a mí en tiempos difíciles por Luis Timoleón de Cosse-Brissac, supremo Maestre del Temple, al hermano Jacques Philippe Ledru, Maestre vicario del Temple de Messines, para que en su debido momento haga uso de ellas con el fin de perpetuar la memoria de nuestra Orden según el Rito Oriental, 10 de junio de 1804.
Yo, Bernard Raymond Fabre Cardoal de Albi, habiendo obtenido el voto de aprobación de mis colegas los Maestres Vicarios y mis hermanos los Caballeros del Temple, acepto el grado de supremo Maestre el 4 de noviembre de 1804.

 

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